En Twitter, me he pronunciado a favor de los bolardos colocados en cruceros de la ciudad.

De los macetones, no he opinado; pero es una buena oportunidad para hacerlo. Qué broma tan mala, diré.

De entrada, están muy pequeños y las plantas que tienen no llegan a una altura para ser advertidos por los conductores de unidades automotores, lo que ha permitido que sean embestidos por vehículos de mediano tamaño.

Estoy convencido que no basta con pintar las zonas peatonales y los carriles para ordenar la circulación vehicular, que debe instalarse mobiliario urbano para protegernos como transeúntes, porque las ciudades están hechas para personas o deben de estar pensadas para personas, en vez de privilegiar al automóvil. Si usted piensa que los bolardos son nuevos, tiene memoria corta.

¿Acaso olvida que Luis Paredes Moctezuma, cuando fue alcalde de Puebla, instaló bolardos en tres de las cuatro calles que conforman el perímetro del zócalo? ¿Olvida que hasta hizo de uso peatonal la avenida 3 Oriente? Sí, en ese entonces, estábamos acostumbrados a dar vueltas y vueltas alrededor de la Plaza de Armas o estacionarnos en doble fila en torno a esta manzana entre Palacio Municipal y Catedral, con el fin de esperar a familiares y amigos o simplemente para contemplar el corazón angelopolitano.

Los bolardos (como también la peatonización) generaron un escándalo mayúsculo; pero, Paredes, como buen arquitecto, pensó en el diseño. Y hay que reconocerlo, desde entonces, los portales Hidalgo, Juárez y Morelos lucen mejor que antes de este proyecto que consistió en ampliar las banquetas y permitir que éstas fueran ocupadas por restaurantes, los cuales colocaron mesas, sillas y sombrillas para darle color y mejor perspectiva a la zona.

Con este mobiliario particular, sumado al urbano, ha sido suficiente para que las unidades automotores sean conducidas con moderación, aunque con el tráfico, hay que reconocerlo, es difícil alcanzar altas velocidades. A casi dos décadas de la ejecución de esta obra, que incluyó también fuentes frente a Palacio Municipal y la reubicación ahí de una maqueta de la zona monumental en latón, prácticamente no se han registrado accidentes, no han chocado contra esos bolardos, aunque haya quienes aseguran que sí, que hay unos bolardos fracturados, como consecuencia de choferes imprudentes.

Aceptando el punto, ¿no cree que la suma de esos eventos es ínfimo respecto al número de años que han transcurrido desde su inauguración? ¿Pero por qué no han sucedido más accidentes? Porque los automovilistas advierten ese mobiliario; pero, los macetones y los bolardos nuevos, sobre todo los primeros, no se ven. Estoy de acuerdo que es obligado privilegiar a los peatones; empero, sin olvidar a los conductores de unidades automotores.

Le pongo otro ejemplo, el más común que usan los vecinos para exigir a los automovilistas que no conduzcamos con exceso de velocidad: los topes, los cuales no están permitidos y no se replican en todo el mundo. Digamos que son mexicanísimos.

Por tanto, aunque ilegales, los topes tienen el mismo objetivo que los bolardos, los reductores de velocidad, los macetones y acotar los carriles: reducir la velocidad con la conducimos. ¿Cuándo los topes cumplen su objetivo? Cuando se ven, cuando están pintados y son advertidos por los conductores.

Cuando no se ven, cuando están del color del asfalto o del cemento, nos los volamos o enfrenamos de manera brusca lo que queda evidenciado con el rechinido de las llantas sobre la carpeta negra o gris. Por eso, mi conclusión: bolardos y macetones, sí; para proteger al peatón.

Pero sin olvidar a los automovilistas, a todos los conductores de unidades automotores, quienes tienen que ver ese mobiliario para circular con más precaución, para responder como es esperado por las autoridades. Porque, recuerde: Nadie es completamente bueno, ni completamente malo