@GabrielaFor 

En los últimos días, se han divido las opiniones sobre las manifestaciones que se llevaron a cabo recientemente por parte de grupos feministas, que protestaron por la violencia de género en nuestro país.

Como ya lo he externado en varias ocasiones, considero que la violencia no es ni será nunca una forma de legitimar nuestros argumentos y me declaro totalmente en contra, sea ejercida contra quien sea, pero es verdad que existe un gran problema causado por la violencia hacia las mujeres.

¿Desde dónde podría entenderse y atenderse?

Desde la empatía, lo que además explicaría el por qué se dividen las opiniones sobre la forma de exigir justicia y cómo podemos estar del mismo lado aunque pareciera lo contrario.

La empatía es el acto mediante el que identificamos y entendemos los sentimientos de otras personas, sin embargo no todos tenemos el mismo nivel de empatía ni el mismo tipo: algunos empatizan de forma racional y algunos de forma emocional, lo cual explica las opiniones divididas aunque en general, nadie justifique la violencia hacia las mujeres.

¿Cómo se explica esto?

Según una investigación realizada por la Universidad de Monash (Australia) el cerebro de las personas racionales, es físicamente diferente al de las personas más emocionales, por lo que las reacciones son distintas: las personas más emocionales, reaccionan al estado emocional de otra, con la misma emoción y las personas racionales, reaccionan comprendiendo, sintiendo y pensando lo que le sucede a otra.

Es por eso, que aunque estemos conscientes de lo que sucede en nuestro país y lo reprobemos completamente, no todos estamos dispuestos a salir a la calle a incendiar vehículos o pintar paredes.

¿Cómo puede ayudar la empatía a prevenir la violencia hacia las mujeres?

En primer lugar nos ayuda a comprender, ya sea desde la emoción o la razón, los efectos que causa. Nos ayuda a ponernos en el lugar de quien ha sido acosada, abusada o violentada en cualquiera de sus formas, para entender un poco mejor la dimensión del problema y las secuelas que puede tener, como el trastorno de estrés postraumático (TEPT) que se caracteriza por la imposibilidad de recuperarse de un evento violento y que puede manifestarse a través de recuerdos constantes de lo sucedido, acompañados de las emociones vividas en ese momento, además puede presentarse insomnio, constante estado de alerta, ansiedad, inseguridad, culpa, depresión e incluso ideación suicida.

Todas estas secuelas pueden presentarse durante años, lo que nos ayuda a entender el por qué recuperarse de un hecho traumático como una violación, puede resultar tan complicado.

La empatía es por tanto, indispensable para entender los cambios sociales y el complicado momento que estamos viviendo, pero también debe ser una herramienta para enfrentar la violencia, pues solamente poniéndonos en el lugar de las víctimas, podremos entender la magnitud del problema.

Debemos dejar de pensar que es un asunto de mujeres, entendamos que es un asunto de todos, porque es una consecuencia de la normalización de la violencia. Dejemos de juzgar a aquellas que levantan la voz, dejemos de culpar a las víctimas, empecemos por enseñar a los niños y las niñas, a ser responsables, a ser empáticos, a respetar todo tipo de vida y a buscar formas no violentas de enfrentar y resolver conflictos.

Ocupémonos también de alimentar el autoestima y distinguir el amor real, pues resulta muy significativo que muchos de los feminicidios: 6 de cada 10, según datos de la ONU (Organización de las Naciones Unidas) son cometidos por sus parejas sentimentales o familiares de las víctimas, lo que quiere decir en el caso de las parejas, que en algún momento la víctima se sintió vinculada emocionalmente a su agresor, lo cual definitivamente no es amor.

Pareciera un discurso trillado y barato, pero la la violencia se aprende en casa y mientras sigamos permitiendo que esté presente en el día a día de los niños, seguiremos formando adultos que no saben empatizar con el dolor ajeno y que actúan sin pensar en las consecuencias. Sin embargo, creo que existe esperanza porque así como la violencia se aprende, también se aprende el amor, la compasión, el respeto y la responsabilidad, que son las armas más poderosas para enfrentar la creciente violencia que existe en el mundo.

Ya sea que lo veamos desde la empatía emocional o racional, entendamos que todos somos parte de la solución y que no podemos sentarnos a esperar a que nos suceda a nosotros o alguien cercana para enfrentar el problema.

Pongamos diariamente nuestro granito de arena, para hacer de éste mundo, un lugar mejor y libre de violencia.

Recuerden que como siempre, esperamos sus comentarios a través de nuestras redes sociales.

¡Hasta pronto! Nos leeremos nuevamente desde el diván.

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GABRIELA FORTIS VELASCO es tanatóloga poblana especialista en atención ante muertes de seres queridos y separaciones