@ferperezcorona

El entonces gobernador Rafael Moreno Valle Rosas estaba desesperado; pero confiado que podía arreglarlo todo. Era el peor escándalo de su administración que sumaba casi tres años y medio, sería el más grande de su sexenio.

Junto con su secretario general de Gobierno, Luis Maldonado Venegas, y otros funcionarios trataba de difundir su versión de los hechos, revertir o detener la tendencia nacional que lo señalaba de represor, de violador de derechos, de actuar con fuerza policiaca excesiva contra un grupo de campesinos.

Y es que el 9 de junio de 2014, hubo un enfrentamiento entre la gente de esta comunidad y la Policía Preventiva Estatal (PPE), el cual dejó saldo de un niño muerto, 14 civiles heridos, como también algunos uniformados, aunque ninguno de gravedad

De esta manera, los elementos de la Secretaría de Seguridad Pública (SSP), habían estrenado la llamada Ley Bala, la Ley para Proteger los Derechos Humanos y que Regula el Uso Legítimo de la Fuerza por Parte de los Elementos de las Instituciones Policiales del Estado, la cual había sido aprobada por el Congreso local apenas el 18 de mayo anterior.

A nivel nacional corría la versión que aquélla tarde los policías habían usado balas de goma en contra de los quejosos. Era mentira.

Cuando los manifestantes agredidos mostraron los proyectiles levantados de la zona del choque, se descubrió que en realidad eran proyectiles de rifles de gas lacrimógeno, uno de los cuales impactó en la cabeza de José Luis Tehuatle Tamayo, quien moriría en el Hospital del Niño Poblano (HNP).

Con los cuestionamientos a cuestas, Moreno Valle exponía su versión, rechazaba el uso de balas de goma, prácticamente se decía víctima de sus detractores.

Para entonces, Maldonado Venegas ya había acusado a los manifestantes de haber usado piedras de “alto calibre” y Juan Pablo Piña había empezado la conquista de su candidatura a diputado federal con el uso de una cabeza de marrano.

Los errores se habían multiplicado entre el gabinete, donde la credibilidad se había hecho más frágil.

De esta manera, no hubo más remedio que tomar el toro por los cuernos.

El mandatario promotor de las “acciones que transforman”, comenzó a recorrer las redacciones de los medios de comunicación.

Se mostraba afable, tanto que parecía atemorizado, contrastaba con su mirada adusta, la cual sólo cambiaba en actos públicos o segundos antes de la fotografía.

Escuchaba a todos los presentes y hasta pedía a sus funcionarios anotar algunas de las sugerencias.

Después de la difusión del video editado que resumía los hechos, de acuerdo a la visión de la SSP y del gobierno estatal, defendía el operativo policíaco y señalaba a los participantes en la manifestación.

Sólo faltó cuidar un elemento en el material audiovisual: los policías se veían empuñando los rifles de gas lacrimógeno y apuntando de forma horizontal a los manifestantes; es decir, disparaban para agredir, para lesionar.

Estas armas deben de ser disparadas en ángulo, calculando la parábola del proyectil para que caiga entre los manifestantes y, de esta manera, obligarlos a dispersarse.

Sin esperarlo, vino la observación sobre la actuación irregular de los uniformados. Se esperaba un exabrupto propio del entonces exdiputado federal y expriista.

Para sorpresa de quienes conocían a Moreno Valle, no hubo esa reacción. Por el contrario, faltó poco para que agradeciera. Es más aceptó la sugerencia de que en las investigaciones debía incluir algunos puntos negativos sobre el operativo policiaco, en vez de asegurar que todo se había realizado conforme a la famosa Ley Bala, la cual, por cierto, todavía no ha sido derogada a la fecha, pese a que ese mismo 2014 se solicitó por el titular del Poder Ejecutivo local.

Con el tiempo, solo hubo sanciones administrativas, las cuales fueron clasificadas como reservadas.

El 9 de enero de 2017, la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) dio por cumplidas las 11 recomendaciones hechas al gobierno estatal.

A cinco años de distancia, este lunes leí El Popular y encontré una entrevista con Elia Tamayo Montes, madre del niño fallecido en este enfrentamiento, no ha encontrado resignación, pero destaca la justicia divina en este caso, en clara alusión a la muerte de Moreno Valle, una conclusión que para algunos puede resultar insultante, más nunca para una mujer que perdió a un hijo y que todavía carga el duelo por todas partes, que todavía siente coraje, que no le quedó de otra más que esperar la aplicación de la ley de Dios, cuando la de los hombres no le ha traído paz, pese a la disculpa institucional publica a regañadientes, pese a la indemnización, pese a todo.

Y recuerde: Nadie es completamente bueno, ni completamente malo

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Fernando Pérez Corona. Periodista. Correo electrónico: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.