@GabrielaFor 

Si bien es cierto, que en un principio la Tanatología estuvo enfocada exclusivamente en la muerte, ha ido evolucionando para convertirse en una disciplina de procesos de vida. Su nombre se debe al premio Nobel de medicina Elie Metchnikoff quien en 1901 acuñó el término para referirse a la ciencia encargada de la muerte, formando parte de la medicina forense y todo lo relativo a los cadáveres.

Fue hasta los 60s cuando toma un nuevo enfoque, de mano de la Dra. Elisabeth Kübler Ross, que describe los fenómenos psicológicos que acompañan a los enfermos en fase terminal y la redefine como una instancia de atención a los moribundos, adquiriendo así su carácter humano y multidisciplinario.

A partir del resurgimiento de la Tanatología como disciplina encargada del proceso del morir, se observó que no sólo existían las necesidades del paciente, sino también de la familia que lo acompañaba y se amplió el campo de acción para poder atender a todos los involucrados en el proceso del morir, incluido el personal de salud que tenía que lidiar con ello.

En ese momento, la práctica tanatológica, se basaba en el sentido común y el saber escuchar, pero poco a poco se hizo necesaria una técnica más estructurada y es cuando la Tanatología retoma las observaciones sobre el duelo que hace el psicoanalista John Bowlby, basado en la teoría del apego y retomando conceptos de Freud y Lacan. De ésta manera se logra estructurar la práctica tanatológica dentro del concepto de terapia de counseling que tiene como objetivo estimular el potencial individual para enfrentar una crisis.

¿Entonces la Tanatología solamente atiende a los enfermos en fase terminal y sus familias?

No, no solamente atiende las necesidades ante una muerte inminente, sino como dije anteriormente, es una disciplina de procesos de vida. La Tanatología atiende todas aquellas pequeñas “muertes” que tenemos a lo largo de vida, es decir, las pérdidas que implican un duro golpe emocional y que suponen un periodo de adaptación para asimilarlo.

Pensemos en las pérdidas emocionales como un golpe físico, que primero nos aturde, luego nos duele, sangra y ocupa toda nuestra atención, pero cuando cicatriza nos permite seguir adelante, quedando una marca a través de la cual recordaremos aquello que sucedió, pero sin dolor. Ése proceso de recuperación es propiamente el duelo, que es el objeto de estudio de la Tanatología.

¿Cómo puede ayudarme un tanatólogo? Puede ayudarme a procesar las pérdidas, a través de una atención estructurada, cuya finalidad es proporcionarme información, orientación y estrategias que me ayudarán a retomar el rumbo de mi vida, de una manera más flexible, afectiva y productiva.

¿En qué casos puedo acudir a un tanatólogo? Puedo acudir cuando estoy atravesando por una pérdida significativa, ya sea total, como la muerte de un ser querido o parcial, como una separación, desempleo, diagnóstico de enfermedad crónica, migración, violencia, abuso o cualquier cambio en mi vida, que siento que no puedo procesar.

Como hemos mencionado anteriormente, el pedir ayuda no es signo de debilidad sino de madurez al reconocer nuestros límites para lidiar con ciertas circunstancias. No temamos acudir a terapia tanatológica si sentimos que es necesario, pues como hemos detallado en éste mismo espacio, el duelo puede convertirse en un proceso patológico que puede acarrear problemas tan graves como la depresión o incluso el suicidio.

Espero que lo anterior les sea de utilidad para entender un poco más de ésta disciplina que a pesar de ser tan joven, ha ido cobrando poco a poco más importancia y demostrando cómo puede ayudar a mejorar la calidad de vida de quienes sufren.

Como siempre, los invito a contactarnos a través de nuestras redes sociales y hacernos saber sus comentarios y sugerencias.

¡Hasta pronto! Nos leeremos nuevamente desde el diván.

***
GABRIELA FORTIS VELASCO es tanatóloga poblana especialista en atención ante muertes de seres queridos y separaciones.