Recientemente se informaba en éste mismo medio, que según los registros del Boletín Epidemiológico, elaborado por la Secretaría de Salud (SSA) la depresión va en un alarmante aumento entre los poblanos, contabilizando 1107 casos en lo que va del año y resulta aún más alarmante, que según estimaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS) para el 2020 supondrá la segunda enfermedad más extendida en el mundo.

Sí, la segunda enfermedad, pues contrario a lo que mucha gente piensa, la depresión no es un estado de ánimo sino que es una enfermedad, que puede llevar al suicidio. Incluso para los mismos pacientes, resulta complicado asumirla como una enfermedad, pero lo es y es tan incapacitante como cualquier otra, pudiendo ser motivo de jubilación temprana en algunos países como España.

La depresión es quizás uno de los trastornos menos conocidos, pues la gente comúnmente lo asocia a la tristeza o al desgano y aunque puede presentar dichas manifestaciones, supone un sufrimiento mayor y la vivencia de otros varios síntomas que dificultan las actividades cotidianas.

Lo complicado de la depresión empieza por abordarla, pues no se trata de unos cuantos síntomas como en cualquier otra enfermedad y tampoco corresponde a un síndrome, con un conjunto de síntomas definidos, sino que se cataloga como un trastorno, porque engloba además de los síntomas físicos, psíquicos y conductuales, una afectación que abarca las distintas esferas del paciente : la familiar, escolar o laboral, social y pareja.

¿Qué significa entonces vivir con depresión?

Significa en la mayoría de las ocasiones ser incomprendido, significa vivir con un gran estigma, pues pareciera que se trata de una elección y que la recuperación es tan sólo una decisión que el paciente no toma.

 Vivir con depresión es vivir una vida gris, donde cambia tu percepción de la realidad como si tuvieras puestas unas gafas grises, que hacen que todo lo veas así y donde el paso del tiempo no hace más que agravarla.

Se pueden experimentar una serie de síntomas que no parecen conectados entre sí porque pueden abarcar desde dolores de cabeza o falta de apetito, hasta irritabilidad o dolores en las articulaciones, es por ello que a los mismos pacientes les cuesta trabajo identificarla.

¿Qué la puede ocasionar?

Si bien no hay una causa única, existen factores que predisponen a una persona a padecer depresión, como factores genéticos e incluso ambientales y se han asociado también factores como el duelo o el estrés.

¿Qué podemos hacer para ayudar a alguien con depresión?

Ante todo, informarnos y entender que se trata de una enfermedad que no se alivia echándole ganas.

Debemos distinguir la diferencia entre sentirse deprimido y tener depresión.

Sentirse deprimido, está asociado a una emoción que tiene una causa conocida y mejora con el paso del tiempo como por ejemplo, una pelea con un ser querido que causa tristeza, pero cuando se aclara, se logra bienestar.

Tener depresión en cambio, puede no estar asociada a un evento específico y conforme pasa el tiempo, causa más malestar, impactando en la vida cotidiana de quien la padece.

Si queremos ayudar a alguien con depresión, debemos ser conscientes de que conlleva también un proceso de recuperación y puede requerir medicación, lo cual no significa que la persona está “loca”, por tanto la mejor manera de apoyar es no presionar, sino acompañar en el proceso de recuperación, sin juzgar ni minimizar lo que el paciente siente.

Espero que lo anterior les sea de utilidad y nos hagan saber a través de nuestras redes sociales, sus dudas o comentarios.

¡Hasta pronto! Nos leeremos nuevamente, desde el diván.