Francisco Toledo,  artista plástico que se volvió un icono de Oaxaca y activista de izquierda,  falleció este día a los 79 años de edad, confirmó su hija, la poeta Natalia Toledo.

La titular de la Secretaría de Cultura, Alejandra Frausto lamentó el deceso del también promotor cultural y filántropo. "Los ojos más vivos que han visto Oaxaca. Los ojos más bellos que lo recrearon todo. La tierra va a perder gravedad", escribió en tuiter.  También lamentó la pérdida el presidente de la república, Andrés Manuel López Obrador, quien dijo que las artes en México están de luto. A las condolencias se sumó el gobernador de Oaxaca, Alejandro Murat.


El artista llevaba por nombre Francisco Benjamín López Toledo, y nació en la Ciudad de México el 17 de julio de 1940.  Se distinguió además por ser un luchador social, ambientalista, y participante en movimientos para conservación del patrimonio artístico mexicano, orientada al libre acceso a la formación artística. 

Fue un experto impresor, dibujante, pintor, escultor y ceramista. Su arte refleja un gran aprecio por la estética de la naturaleza, particularmente la de animales que no son convencionalmente asociados con la belleza como monos, murciélagos, iguanas, sapos e insectos.

Toledo  lo mismo trabajó con acuarela, que óleo, gouache y fresco, también litografía, grabado, diseño de tapices, cerámica o escultura en piedra, madera y cera. Desde muy pequeño Francisco Toledo demostró una especial habilidad para el dibujo, y su padre alentó esa temprana tendencia al ceder a sus colores las paredes de la casa.

Su abuelo Benjamín, zapatero del pueblo de Ixtepec, multiplicó su imaginación con salidas campestres en busca de resina vegetal, perladas de relatos populares en los que los seres fantásticos se entremezclaban con todo tipo de animales y personajes legendarios.

A los once años se instaló en la ciudad colonial de Oaxaca, para cursar la escuela secundaria. Y después en México, D. F., para tomar clases en el taller de grabado de la Escuela de Diseños y Artesanías, con la experiencia de haber realizado sus primeros grabados en el taller oaxaqueño de Arturo García Bustos. Con apenas diecinueve años, expuso sus obras en México y en Fort Worth (Texas).