Los científicos de la Escuela Politécnica Federal de Zurich (ETH Zurich) han investigado las islas de calor urbanas en todo el mundo y han descubierto que la efectividad de las estrategias de reducción de calor en las ciudades varía según el clima regional, según explican en un artículo en 'Nature'.

"Ya sabemos que las plantas crean un ambiente más agradable en una ciudad, pero queríamos cuantificar cuántos espacios verdes se necesitan realmente para producir un efecto de enfriamiento significativo", dice Gabriele Manoli, del ETH Zurich.

Las islas de calor urbano son un fenómeno donde la temperatura en una ciudad es notablemente más alta que en el área rural circundante. Cuando se combina con el tipo de ola de calor que azotó muchas partes de Europa a principios de julio, el calor urbano puede representar una amenaza real para las personas mayores, enfermas u otros grupos vulnerables.

Manoli y sus colegas de ETH Zurich, la Universidad de Princeton y la Universidad de Duke estudiaron datos de unas 30 mil ciudades en todo el mundo y su entorno, teniendo en cuenta la temperatura media del verano, el tamaño de la población y la precipitación anual.

El fenómeno de la isla de calor urbano es más pronunciado cuanto más grande es la ciudad y más precipitaciones hay en esa región. Como regla general, más lluvia fomenta el crecimiento de las plantas en el área circundante, lo que lo hace más fresco que la ciudad. Este efecto es más fuerte cuando la precipitación anual promedia alrededor de mil 500 milímetros como en Tokio, pero no aumenta aún más con más lluvia.

Dos extremos climáticos ilustran bien el papel de la vegetación en el fenómeno de las islas de calor urbano: regiones muy secas, por un lado, y áreas tropicales, por el otro. Mediante una siembra cuidadosamente focalizada, una ciudad como Phoenix, en Estados Unidos, podría alcanzar temperaturas más frescas que el campo circundante, donde las condiciones son casi desérticas.

En comparación, una ciudad rodeada de bosques tropicales, como Singapur, necesitaría muchos más espacios verdes para reducir las temperaturas, pero esto también crearía más humedad. Por lo tanto, en las ciudades ubicadas en zonas tropicales, se espera que otros métodos de enfriamiento sean más efectivos, como una mayor circulación del viento, un mayor uso de sombra y nuevos materiales de dispersión del calor. "No hay una solución única --dice Manoli--. Todo depende del entorno y las características climáticas regionales".

Manoli explica que el principal beneficio del estudio es una clasificación preliminar de las ciudades, en forma de una visualización clara que guía a los planificadores sobre posibles enfoques para mitigar el efecto de isla de calor urbano.

"Aun así, la búsqueda de soluciones para reducir las temperaturas en ciudades específicas requerirá un análisis adicional y una comprensión profunda del microclima --enfatiza--. Sin embargo, dicha información se basa en datos y modelos disponibles para los planificadores de la ciudad y los tomadores de decisiones solo en un puñado de ciudades, como Zurich, Singapur o Londres".

Actualmente, Manoli está analizando datos de otros períodos del año y está estudiando qué tipos de plantas son las más adecuadas para reducir las temperaturas. El apoyo brindado por Branco Weiss Fellowship permitió al ingeniero ambiental trabajar con científicos de las áreas de física, estudios urbanos y ciencias sociales con un enfoque específico en temas de investigación interdisciplinarios.